martes, 23 de septiembre de 2014

UN ACTO DE FE...

Como suele decirse, todo final es el comienzo de algo. Y sí que es cierto que podemos entender cada situación novedosa como un final o un principio. Todo ello depende de lo apegados que estemos a cada situación y de lo difícil que nos resulte abandonar nuestra zona de confort o, por el contrario, dependerá de la disposición que mostremos a enfrentarnos a nuevas situaciones y a ampliar nuestros horizontes. Todo cambio implica una mejora, un aprendizaje y una evolución. Aquello de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra es un mito, porque aunque volvamos a caer ante esa pedazo de roca inerte, siempre será diferente y nunca será tan desastroso.

Nuestro cerebro aprende y se modifica a cada instante. Ahora mismo, mientras lees estas líneas, está ocurriendo. Es lo que se llama plasticidad cerebral. Nuestro entramado de conexiones neuronales se modifican a cada instante, con cada conversación, con imagen que percibimos, con cada paisaje que contemplamos, con cada palabra que leemos, con cada palabra que escribimos…

Y de la misma forma que nuestro cerebro cambia y evoluciona nosotros cambiamos y evolucionamos. No podemos separar nuestra mente de nosotros como individuos como si de dos entes  independientes se tratara. Nadie querría vivir en un cuerpo sin mente ni en una mente sin cuerpo.

Atreverse a cambiar es atreverse a dar ese paso que tanto asusta. Porque asusta. Pero, ¿y si te dijera que ese cambio será SIEMPRE a mejor? Seguiría asustando, lo sé. ¡Para qué mentir!

Entonces, ¿qué hacer?

Debemos tener un acto de fe. Así es. Me explico.

Tenemos la falsa creencia, bajo mi  humilde punto de vista, que siempre tenemos que hacer aquello que nos apetezca, aquello que nos haga vibrar, aquello que haga que salten chispas de nuestro corazón. Quizás eso vaya bien para algún anuncio de bebida refrescante de extracto de cola y de otras muchas cosas que ni sabemos, pero no para la vida real. Eso no sirve para que evolucionemos, para que nos adaptemos, para que crezcamos, para que encontremos un camino que nos ilumine y nos engrandezca como individuos.

En una sociedad como esta, una sociedad que vive con prisas y aturrullada, una sociedad que nos está enseñando a obtener las recompensas de una forma inmediata y sin esfuerzo, todo cambio asusta. Porque el cambio no se produce de la noche a la mañana porque, como todo aprendizaje, necesita un proceso, como lo fue aprender un idioma, montar en bicicleta o usar Internet. Un proceso que no estamos dispuestos a llevar a cabo por la anticipación de la recompensa de la que hablaba. Queremos las cosas ya, y así nos va.

El acto de fe, como yo lo veo, es hacer no solo lo que nos hace sentir bien, sino lo que en un futuro nos hará no solo hacernos sentir bien, sino ser mejores personas. ¿Quién dijo que solo debemos hacer lo que nos guste en este momento? ¿Qué hay de aquello que podemos hacer AHORA y que nos hará sentir mejor en un tiempo? Súmale ahora el hecho de que la mayoría de las veces cuando hacemos algo que creíamos que no nos gustaba o que nos iba a hacer sentir mal el resultado es bien distinto al esperado, porque ahí entra en juego la instrumentalización de las acciones consonantes con nuestros principios y eso es algo que a todos nos hace sentir bien.

Ten ese acto de fe. Haz lo que tu honestidad y tus principios te impongan, y no lo que te alienten hacer de una forma automática, manipulada y conducida por unos cuantos dictadores.
Yo acabo de hacerlo.

No sé cómo poder expresar correctamente lo que ha supuesto en mi vida darme cuenta de que a veces lo mejor que te puede ocurrir es que no te ocurra aquello que deseas. Me ha costado muchos años, muchos dolores de cabeza y mucho dolor entenderlo. Cuando sabes lo que haz de hacer y no lo haces por miedo a dejar la “comodidad” de la vida que llevas te conviertes en una persona cobarde. Y yo lo fui. Esa disonancia me estaba matando día a día. Esa sensación de no estar teniendo una vida plena y no querer cambiarla, y no querer verlo…

Ahora mi vida a cambiado…

Una cuidad nueva, Granada, con el encanto que enamora a cada persona que recorre las calles de esta emblemática ciudad. Con la Sierra Nevada, El Albaicyn, La Alhambra, las tapas y cómo no, la cantidad de roca que rodea este encantador lugar…

Un hogar cerca de la universidad. Una de las mejores universidades de España para estudiar psicología…

Una compañera increíble que me está enseñando cada día a ser mejor persona, a comer con palillos (y no es china), a preparar unas ensaladas de quince pavos, a comer un poco de pescado cuando apetezca, a tonificar mi Qi de hígado, a ver la vida de una forma muy diferente a como la estaba viendo no hace demasiado tiempo.

Hoy me siento feliz…

Llegar a casa y recibir un abrazo, llegar a casa y ver a alguien al otro lado de la puerta. Y ese alguien está deseando verme.

Gracias Bea.

Gracias por estar, por existir, por regalarme tu tiempo, tu impresionante sonrisa, tus ganas de vivir, de sentir, de amar, gracias por enseñarme, por animarme a dejar la zona de confort, por apostar por mí…
Gracias por darme lo más bonito de tener, gracias por regalarme tu confianza…

"Hooolaa cositaaa"




miércoles, 17 de septiembre de 2014

LO MÁS DURO QUE ESCRIBÍ: CAP 6 (¿el último?)

Nada ha cambiado. Lo sé,  y lo sabía, y  lo sentía. Quizás hoy te extraño más que ayer, y quizás aquellas palabras que una vez me atravesaron, las que tantas veces oíste, no eran las palabras adecuadas, porque unas palabras no compran un sentimiento, porque yo hoy aún te amo, te extraño y te echo de menos princesa.

Nada ha cambiado. Porque yo hoy sigo preguntándome cómo sonará  tu nueva voz de mujer, sigo pensando cuán largo debes llevar el pelo y cuántos jóvenes andarán por ahí con el corazón palpitando por una mirada y una sonrisa tuya.

Nada ha cambiado.

Y mientras que sigo amándote, extrañándote, llevándote conmigo en mi pensamiento, en cada viaje, en cada recuerdo, aún hoy sigo viéndote reflejada en la mirada de aquella niña de tres años, o quizás de seis, o quizás de once.

Para ti princesa…

 Nada ha cambiado. Salvo el tiempo.

Ya han pasado tres meses desde que escribí el quinto capítulo de “Lo más duro que escribí”. Un capítulo que concluyó con un “continuará” y con la esperanza de que esa continuación fuera diferente a la que sigue, aunque mucho me temía que no iba a ser así.

Cuando decidí contar mi historia, mi vida, necesitaba gritar, alzar la voz ante la injusticia, una voz que muchos hombres quizás necesitaron oír. Y así fue. Algunos me escribieron por privado haciéndome llegar su apoyo, muchos en la misma situación que la mía, otros en situaciones aún peores. Esto debe acabar. ¿Pero cómo acabarlo?

Pues de la misma forma en la que ocurren las cosas. Haciendo algo, luchando, haciéndonos oír, teniendo principios y siendo fieles a los mismos, no dejándonos pisar por una ley llena de agujeros, unos agujeros que se tapan con el miedo, con el miedo a perder la libertad, quizás en los calabozos de los  sótanos de alguna comisaría.

Cuando escribí esa historia, que podría ser la mía, pero también la tuya y la de muchos otros hombres, algunos amigos me aconsejaron con la mejor de las intenciones que no lo hiciera. Era doloroso pensar en la posibilidad de no poder expresarme, de no poder hacer nada ante la injusticia, ante el rencor, ante la actuación de una mujer despechada que se aprovechaba, que se servía y beneficiaba del sufrimiento de aquellas mujeres que padecieron malos tratos, de aquellas mujeres que un día perecieron en manos de sus parejas. Un  acto desconsiderado, no solo hacia aquellos hombres inocentes, sino desconsiderado también hacia las demás mujeres que realmente temen por sus vidas. Lo que me hace pensar en si realmente se hizo por temor o por rencor. ¿Qué es lo que impulsó este acto? Nunca vi en esos ojos temor alguno…
Aún así, quizás por mi condición de tauro, lo hice. Y lo hice porque tenía la necesidad de hacerlo, tenía la necesidad de hacer algo que fuera justo, y me pareció justo que yo pudiera contar libremente mi historia. Lo que ocurrió después de contarla es lo que sigue…

Hasta que conté la historia se me había impuesto, de forma gratuita e injusta, una orden de alejamiento de seis meses y debía pasar ocho días de arresto domiciliario. En el trascurso de esos ocho días que debía permanecer en casa la policía venía a verme tres veces al día. Una a la mañana, otra a la tarde y otra a la noche. Era curioso porque esas visitas me producían una doble sensación. Por un lado me sentía apoyado y comprendido por ellos, pues no sé por qué extraña razón ellos siempre saben cuando uno es víctima de una injusticia. Como se suele decir, la policía no es tonta. Pero por otro lado, el hecho de que la policía venga a tu casa tres veces al día producía en mí una sensación un tanto desagradable. Sensación que se incrementó uno de esos días. Creo que fue el sexto, si no recuerdo mal. Vienen a verme, y mientras tomamos unas pastas con té caliente (esto último es broma) me entregan una notificación para que compadezca en los juzgados de violencia contra la mujer para declarar ante una nueva denuncia de la misma persona (esto último no es broma, aunque pudiera parecerlo).

Una nueva denuncia. Esta vez por un delito contra la integridad moral. Juicio por lo penal. El fiscal pide UN AÑO DE PRISIÓN y una orden de alejamiento de dos años y medio para con la madre y la hija. ¿Parece que el padre está consiguiendo aquello que se proponía?

Es decir. Ocurren unos hechos, me ocurren unos hechos, y yo los cuento, porque es mi historia y la cuento, cuento mi historia, mi vida, sin nombres, sin mentiras, y se me quiere meter en la cárcel. No doy crédito.
Se celebra el juicio y ella acude con un clan, pandilla, cuadrilla o como queráis llamarlo, que de alguna forma ha reclutado para testificar en mi contra. El padre, el hermano, el mejor “amigo”, la prima, la madre de la prima… ¿En serio? Esto es de risa. Pudiera parecer un capítulo de “Aquí no hay quien viva”. Faltaba Fernando no sé qué, el que hacía de portero, por cierto para mi gusto pésimo actor. Todos testifican en mi contra alegando cosas que realmente no acababa de entender. ¿Pero de veras que el padre, el hermano, el “amigo”, el novio (que también estaba citado pero no asistió porque por lo visto estaba malito), la prima y la tía iban a ser los testigos de una denuncia de ella? Me lo dicen y no me lo creo. Pero así fue… Ella se pone agresiva con el juez que incluso le tiene que llamar la atención y cuando el juicio acaba la emprende conmigo con insultos. Una lástima.

Pues el tiempo pasa y pasa, y hasta hoy no llega la sentencia. Absuelto una vez más. La verdad es que es una buena noticia, pues que en un país de corruptos, de mafiosos y de gente sin moral, sin empatía y sin recursos emocionales aún se haga justicia es una muy buena noticia.

Espero que este sea el final, el último capítulo de una historia dolorosa, y que como todo final sea el comienzo, el renacer de algo nuevo y mejor. Que todo haya servido para aprender, para que cada uno mire hacia dentro, hacia su propia alma. Que todo haya servido para que cada uno de nosotros luchemos y nos esforcemos para ser siempre la mejor versión de nosotros mismos. Todo esto me ha enseñado que a veces lo mejor que puede ocurrir es que no ocurra aquello que quieres que suceda. Por toda esta historia doy las gracias porque me ha enseñado a conocerme, a conocer mi corazón y a tener esperanza. Aún hay esperanza.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Y la esperanza es lo último que se pierde. Y seguiré esperando y teniendo fe en que tú, princesa, reúnas los recursos y los conocimientos, mantengas vivo tu corazón, tu razón se haga fuerte y con ambas, con la razón y con la emoción que siempre acompañó tu inocencia sepas, en un futuro que espero no sea muy lejano, comprender que yo te quise, te quiero y te querré para siempre.





martes, 5 de agosto de 2014

I´M BACK....

Eres escalador, ¿verdad?

Un día supe que lo era. Y no importaban los números, las letras o los signos, pues ser escalador era un sentimiento; y no importaba cuánto escalaras en un momento determinado de tu vida, pues ser escalador era una forma de ver el mundo; y no importaba lo motivado que estuvieras o el estado de forma que tuvieras en un momento en concreto, pues ser escalador era una forma de vida, una manera de pensar, un modo de sentir…

Somos lo que somos por lo que hemos sido en el pasado. Es para lo único que sirven los momentos vividos que permanecen en nuestros recuerdos, para determinarnos como individuos, como personas. Es cierto que el pasado se fue, pero siempre que se va, a cada instante, va haciendo que nuestro presente sea diferente. Ahora mismo, en este momento, estamos creando nuestro futuro; el futuro que se vuelve presente y el presente que se vuelve pasado.

Pudiera pensar que quedaron en el olvido esos momentos de roca, de olor a tierra húmeda, del tacto calcáreo y áspero de ese trocito de pared pétrea que hacía mella en nuestros dedos, de risas a pie de vía, de esos “venga bicho que te la llevas”, de los momentos de pegues, de proyectos, de viajes de escalada, de manos agrietadas, de ropa mojada en magnesio, de cervezas en el bar después de haber intentado una vía, de acostarte con una secuencia de movimientos en la mente y repasarlos una y otra vez, e imaginarte encadenándolos todos, encadenando la vía más dura y bella que jamás escalaste. Pudiera pensarlo después de todo…







Ahora pienso que sólo necesitaba un descanso, un alto en el camino, una pausa, un reencuentro con otro azul - con tu azul-,

un momento para que todo se reorganizara, un momento para unir los puntos y dejar que todo fluyera y se encauzara de nuevo de la forma idónea, como debía ser, dejándome llevar hacia lo que la vida quisiera que fuera, así, sin más..

Ahora quiero, ahora voy a volver a escalar, a sentir mis brazos hinchados, a empaparme de movimientos y de todas esas cosas maravillosas que llenaban mi vida y que un día olvidé en pos de la locura, del desconcierto y de la incertidumbre.

Ahora quiero ver hasta dónde puedo llegar, hasta dónde podemos llegar, escalando las rutas más hermosas que la vida nos ponga por delante, unidos por una cuerda tan fina como resistente, teniendo tu vida en mis manos y dejando la mía en las tuyas, sentir tu aliento allá arriba, danzando, moviendo mi cuerpo, sintiendo tu alma y tu fuerza.

Ahora quiero comenzar a crear recuerdos bellos para el  futuro, recuerdos de escalada, recuerdos de la vida, una vida plena, justa, verdadera, como nos merecemos…

¿Vamos a escalar?

Gracias Bea






martes, 8 de julio de 2014

EMOCIONES Y SENTIMIENTOS

Disfrutar del sufrimiento es la única forma de poder llegar a valorar algo tan vital y necesario como la felicidad. La perfección no existe, y no hay nadie que haya sido capaz de sortear en todo momento algún periodo de desasosiego, de incertidumbre o de profunda tristeza. Nadie está libre de experimentar el vacío, y así debe ser.

Ese beso que te robé no hubiera significado nada si no lo hubiera estado echando en falta tanto tiempo. Es la mirada de aquel que sueña con el reflejo de unos ojos limpios donde se pueda respirar un alma. Es la sonrisa que revienta a la tristeza adherida en un corazón maltrecho. Es volver a oír un corazón latir tan cerca de mi pecho que pudiera parecer el mío propio. Es la vida después de la muerte o la muerte que se marchó para dejarme vivir.

Es el temor el que nos hace mantenernos alerta, el que nos hace valorar a cada instante eso que amamos y que nos hace sentir vivo. Que el fracaso sea una opción es lo que hace que para mí el éxito  tenga doble valor. El miedo es necesario en su justa medida. No podemos eliminarlo por completo porque perderíamos la capacidad de experimentar esa sensación de incertidumbre que nos mantenga vivos, pero tampoco podemos dejar que nos domine, que nos gobierne, porque entonces sí que verdaderamente estaríamos muertos.

Es esa sensación extraña de no saber qué, de no saber por qué están ocurriendo las cosas de una determinada manera. Es algo necesario para alcanzar ese estado que todos ansiamos conseguir. Es un camino, algo obligatorio e inevitable. Piénsalo. No podríamos disfrutar plenamente de un maravilloso día de primavera sin antes haber experimentado los gélidos días del invierno. Tan necesario como el día lo es para la noche, o la noche para el día. El miedo es el que hace que encontremos ese equilibrio.

El miedo es una emoción ante un estímulo, y nosotros ahora somos estímulos, amor. Te miro y el tiempo se detiene. Tu mirada hace que afloren emociones y que éstas se expresen de una forma orgánica, como cuando te acercas demasiado y puedo sentir tu respiración en mi nuca y la piel se eriza, y el corazón se dispara, y las manos se humedecen. Es la somatización de la emoción que me produce tu presencia la que me lleva una y otra vez a seguir tu camino.

El estímulo provoca todas esas emociones y a raíz de ahí experimentamos esa sensación a la que llamamos sentimiento. El sentimiento se produce a través de las emociones. Son todos esos procesos cognitivos y esas valoraciones que hacemos en nuestra mente sobre una emoción particular. Y ahora he de decirte que todas esas emociones se entremezclan en mi mente y de ellas afloran los más bellos sentimientos.

Te miro, tu cuerpo y el mío son uno. Nuestros corazones parecen latir al unísono y nuestra respiración se entrecorta con cada mirada, con cada caricia, con cada beso que te robo para siempre. Tu olor penetra por todo mi cuerpo invadiendo por completo cada uno de mis sentidos, potenciándolos, haciendo que emerjan los instintos más primitivos, esos que parecían que habían muerto, pero que solo estaban dormidos en algún lugar de un mal sueño.

Y cuando me doy cuenta de ello, cuando soy capaz de percibir todas esas sensaciones que me produce ese momento en el que tú y yo somos uno, es cuando tengo que luchar contra mi razón, es cuando esa emoción se convierte en sentimiento, es cuando se unen las palabras, es cuando intento una y otra vez que no se me escape el sonido de un te quiero. 

Demasiado tarde amor.







jueves, 26 de junio de 2014

AÚN CREES EN EL DESTINO?...

Resumo tus palabras y me quedo con un adiós. Esta es la síntesis de un tiempo que se fue y el prefacio de otros que vendrán, pues el fin es algo muy etéreo que aún no soy capaz de situar en el momento temporal idóneo.

La rareza del ser humano radica en su complejidad. Durante siglos nos hemos estado preguntando si hay vida después de la muerte olvidando que sí hay vida antes de ésta. Y se abre delante de ti en el momento preciso que tú desees transformar lo que eres en lo que quieres ser. Estamos a un simple pensamiento de cambiar nuestras vidas, y cuando dejes de un lado el miedo el camino se abrirá ante ti, y entonces tendrás la sensación que el universo conspira a tu favor.

El sofocante calor desaparece en el justo momento que tomo rumbo a lo desconocido, buscando esa sonrisa perdida que nunca vi pero que sé que existe. Contemplo el paisaje, y me es familiar, pero ahora, como todo lo que dejé atrás,  simplemente es algo que solía conocer. Como aquella voz que dejó de tener sonido en mi cabeza, como aquella sonrisa que se perdía entre el bullicio de la soledad y que yo quería para mí, aunque fuera solo un instante, aunque fuera por el privilegio de ser importante par ti. Como esas palabras de cielo que me llevaron al infierno, buscando un nuevo sonido, una nueva melodía.

¿Has tenido alguna vez una pesadilla? Las pesadillas, la mayoría de las ocasiones, no son más que mecanismos que pone en marcha nuestro cerebro para que, de alguna forma, podamos enfrentarnos a eso que tanto miedo nos da y así, cuando el momento en cuestión llegue, si es que llegase, nuestro organismo se encuentre preparado para afrontar ese momento. Es una anticipación que nuestra mente hace sobre aquello que tanto nos preocupa. Si cambiamos nuestra forma de pensar, nuestras preocupaciones, las pesadillas desaparecerán y se tornarán como los más bellos de los sueños.

¿Y qué es de un sueño sin princesas de cabellos rubios, sin casitas de hadas mágicas, sin árboles frutales, sin un verde lleno de vida, sin un cielo negro lleno de estrellas y  sin la niebla que sube del valle inundando toda tu vida de paz? El olor a tierra de cultivo, a labranza, el olor a hogar, el sabor que quisiera robarte para poder tenerte un poco más de tiempo entre mis brazos. Todavía no te conozco y ya te extraño, pues has matado mis pesadillas y las has convertido en sueños.

Cualquier pequeña variación en un punto del planeta genera, a la larga, un efecto considerable al otro extremo de la tierra. El simple aleteo de una mariposa en Nueva York, podría generar un huracán en las costas asiáticas. Pero piénsalo por un instante. Cuando te dejas olvidadas las llaves, cuando tu jefe te dice que tienes que quedarte a terminar el trabajo, cuando pierdes el autobús, cuando decides pasar el fin de año solo y de repente todo cambia, y no sabes por qué. Las pequeñas oscilaciones que vivimos a diario son las que hacen que hoy podamos unir los puntos y las que han hecho que yo hoy, aquí y ahora, esté escribiendo estas palabras, y que tú hoy, ahí y ahora, estés leyendo las mismas. Es la teoría del caos, y a lo que la gente llama destino, aunque con algunas diferencias.

El destino, así tal como hemos conocido la acepción, ocurre sin más. Es como si alguien hubiera escrito de antemano nuestras vidas. Como un guionista de una película cómica para algunos, de terror para otros, quizás dramáticas y, como no, de ciencia ficción para la mayoría. ¿En serio creemos que existe alguien en este universo que se tome la delicadeza, el tiempo suficiente, la preocupación instintiva, el interés voluntario y las ganas necesarias de dirigir cada una de nuestras vidas?

Lo que si es cierto es que las cosas ocurren. Claro que si hubiéramos tomado otro camino las cosas serían diferentes, pero eso no lo sabremos nunca. Como tal, todo es un caos, y es la magia de la vida la que hace que ahora sople esta fresca brisa, la que se lleva mis palabras allá donde tú la puedas leer ahora. La diferencia en todo esto radica en la acción. Sin acción las cosas no ocurren, y la acción parte de un pensamiento, ¿cierto?

Con el mismo patrón de pensamientos las cosas seguirán más o menos desarrollándose de la misma manera. Así que, ¡muévete! Haz que las cosas sucedan. Tienes que ser un “hacedor” de cosas. Sal, camina, llama, habla, corre, conduce, grita, llora, pero no te quedes quieto porque nada cambiará. No pasa nada si en el camino se te pierden las llaves, si no llegas a tiempo al autobús, si tu jefe te dice que tienes que quedarte un par de horas más en la oficina. No importa que te haya ocurrido todo lo que llevas en tus hombros ahora, porque eso es lo que ha hecho que hoy seas lo que eres, y eso es lo que ha hecho que estés ahora ahí, haciendo que ocurra eso que muchos llaman destino.

Muévete y deja de preocuparte por las cosas que suceden, y hablo por experiencia. Porque no todo lo puedes controlar. Lo que si puedes controlar es lo que piensas en cada momento, el sentido que le veas a las cosas y como afrontes lo que vaya viniendo. Nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir y estamos, como dijo Ramón Núñez Centella “estamos programados para vivir, y para vivir felices”, así que no te preocupes por las cosas que no puedas controlar, controla tu forma de pensar. De esta manera habrá una retroalimentación positiva entre lo que pienses y lo que vendrá; ya que si nuestro cerebro está programado para vivir, y ser felices, y dedicamos buena parte de nuestra vida a pensar de una forma positiva, lo único que puede venir es esa niebla matinal que sube desde el valle, ese cielo negro y estrellado, ese verde lleno de vida y esos sueños de princesas y sonrisas.



lunes, 23 de junio de 2014

AHORA ES TU TIEMPO...

Tengo esa imagen de ti grabada en mi mente cuando te vi partir la última vez. La imagen de una niña que pronto dejaría de serlo para convertirse en mujer y que cada noche se entremezcla entre mis sueños, haciendo que éstos me despierten entre sollozos y lágrimas de añoranza, ternura y amor, apareciendo de todas las formas que tengo almacenadas en los rincones de mi mente, una y otra vez, manteniendo vivo el recuerdo del cariño que se convirtió en amor para siempre. Esos lugares mágicos, invulnerables, impenetrables e inviolables que siempre estarán reservados para ti, quién sabe hasta cuándo, quizás hasta siempre. Eso es para nosotros aunque tú aún no lo sepas.

AHORA ES TU TIEMPO…

Ahora me pregunto cuando despertarás tú, al igual que yo, y cuánto tiempo necesitarás para comprender que, como las estrellas de cada noche limpia de verano, yo estaré siempre intentando que te lleguen esas pequeñas partículas brillantes a las que puedas mirar en el momento que desees. Como ellas, yo ya no estoy, aunque sigo enviándote luz, solo debes querer mirar al cielo. Las estrellas se pueden tocar si uno quiere, y espero que eso lo llegues aprender ahora que estás convirtiéndote en una mujer.
Siempre busqué la forma de que te sintieras orgullosa de mí, y ahora simplemente busco en el desconsuelo de estas palabras la manera de que tuvieras la libertad de poder mirar al cielo por ti misma.

AHORA ES TU TIEMPO…

Ahora es el momento en el que puedes comenzar a escribir  sobre el papel vacío de tu vida, ahora es cuando has de rellenar cada una de esas hojas de la mejor manera posible, y éstas deben permanecer en tu memoria de la misma manera que yo lo hice siempre. Es la forma para que no olvidemos un pasado que forma parte de nosotros y que siempre estará ahí, y que no importa el tiempo que pase, y no importan los días pues estos dejarán de tener valor cada noche, porque cada noche podremos mirar al cielo con la esperanza de ver esa luz tenue pero llena de vida, porque son las noches de oscuridad cuando nos encontramos con nosotros mismo, y es en ese momento, cuando nos vamos a la cama, es cuando nos encontramos con nosotros mismos, cuando sabemos quiénes somos y de dónde venimos, mi amor.
Cuando escribo estas palabras te pienso, no dejo de pensarte, y no puedo dejar de sentir compasión por aquellos que me dijeron que yo no te quería, porque quizás en algún momento dejaron de experimentar un sentimiento parecido, hace tanto que llegaron a ensombrecerlo por la vanidad.

AHORA ES TU TIEMPO…

Ahora eres una mujer, y esas conversaciones que tenía guardadas bajo llave para ti se interponen en mis pensamientos cada mañana cuando al despertar tengo grabada esa última imagen que tengo de ti. Quería exactamente que no te perdieras en un mundo que va a intentar que lo hagas, quería que distinguieras entre lo que eres y lo que los demás van a intentar que seas. Te veo cautiva, prisionera en un mundo que no sé si tendrás la oportunidad de llegar a querer escapar de él.


Quizás un día llegues hasta aquí de la forma más insospechada, porque esos son los momentos que esta naturaleza caótica tiene de devolver cada cosa a su sitio. Y estoy seguro también de que como la vida es siempre caprichosa, quizás te encuentre en el mundo de una forma más adecuada. Yo mientras seguiré escribiéndote, esperándote, pensándote. Enviándote ese pequeño grano fino de luz al que podrás mirar cuando quieras, siempre que tus ojos queden libres y tus pensamientos solo te pertenezcan a ti.

viernes, 20 de junio de 2014

LIBERTAD

Decía, no hace mucho, que los rifles no pueden matar las palabras. Recuerdo las palabras de mi padre cuando habla de aquella época en la que la libre expresión brillaba por su ausencia. Una época que, en ese sentido y no en muchos otros, debiéramos olvidar. La palabra es la que materializa e instrumentaliza el pensamiento, y el pensamiento es la conciencia del YO.

¿Por qué no hablar entonces? ¿Por qué no materializar un pensamiento? Porque hay gente quizás que no quieren que la verdad se sepa, obvio. Soy de los que piensan que es más lícito pensar lo que uno quiera que decir lo que uno quiera. Parece que me contradijera con este argumento, pero no es así. La diferencia existente en esa línea divisoria entre el libre pensamiento y la libre expresión de cada uno de ellos radica, desde mi punto de vista, en la objetividad. Puedes pensar que existe una conspiración del gobierno de los Estados Unidos en tu contra, pero si lo vas diciendo por ahí te podrían tachar de paranoide o psicótico, ¿cierto? Pero, ¿y si tuvieras pruebas sobre ello? Entonces sí, grita, habla y materializa tu pensamiento, porque es la única forma para combatir una injusticia; como he dicho muchas veces, creando conciencia. Ya lo hemos visto en muchas ocasiones. Recuerdo el caso del joven llamado Edward Snowden. Este chico que era técnico de la CIA y desveló que el gobierno de los E.E.U.U utiliza un programa de espionaje para vigilar los sistemas de comunicaciones de millones de personas de todo el mundo. Fue tratado como tirano para muchos colectivos de su país, obvio. Pero todos los habitantes del planeta lo vimos como un héroe capaz de acercarnos a la verdad. ¿Qué es lo que queremos entonces? Censura o verdad…

Creo que el bueno de Snowden debió tener suficientes pruebas y tener la certeza respecto a la veracidad de lo que estaba contando cuando decidió relatar esa historia. Y esa es la diferencia a la que hacía mención, la que hay que entender explícitamente, cuando se decide materializar un pensamiento. Así es como yo lo veo. No creo que mucha gente tachara de mentiroso al bueno de Snowden, independientemente de lo que pensaran de él aquellos a los que no les interesaba que la verdad se supiera. Y lo comprendo, obvio. Nadie quiere mostrar su cara menos favorecida, ¿cierto?

Vivimos en una sociedad en la que es importante la impresión que demos. Pero, como bromeo siempre con mi amiga F., no somos impresoras, sino personas. Tenemos la capacidad de expresión, que no impresión, y la capacidad de demostrar que esa expresión, materialización e instrumentalización del pensamiento está en el camino de la realidad. Y hay que saber distinguir de la verdad y la realidad, pues todos tenemos nuestras verdades, aunque la realidad suele ser un poco más objetiva.

Lo que trato de entender es que podemos vivir en un mundo en el que gente con poder, cualquiera que sea éste, otorgado de una forma más o menos lícita, pueden ejercer en nosotros algún tipo de coerción, pero no deberíamos caer en el error de que puedan eliminar nuestro pensamiento y la materialización de éste, porque es lo único que tenemos para nosotros mismo, es lo único inviolable.

Cuando pienso tengo la necesidad de instrumentalizar esos pensamientos para así poder clasificarlos, “objetivizarlos” y darles sentido. No creo que nadie tenga el derecho a reprimir nuestras mentes, y menos aun cuando materializo realidades.

Cuando escribo soy fiel a unos principios. Podría engañaros a ustedes, sería fácil incluso, pero nunca podré engañarme a mí mismo.

Así que seguiré escribiendo mis opiniones, mis pensamientos, mi verdad y siempre intentando acercarme lo más posible a la realidad.


Pienso en aquellas personas que perecieron llegando a soportar las más atroces de las torturas, aquellos que tuvieron que soportar las humillaciones de los que ejercían poderes coercitivos sobre ellos, e incluso pienso en aquellos que una vez mojaron sus labios en el veneno diluido de una copa de vino traicionera. Hasta aquellos que morían en la hoguera lo hacían gritando LIBERTAD!!.