martes, 6 de enero de 2015

Un año....

Hoy hace un año que me diste el último abrazo y que tuvimos nuestra última conversación privada. Creo que fue lo último privado que tuvimos los dos.

Una voz punzante me apartó de ti “para siempre”. Aún hoy me pregunto qué prisa habría para que ese momento fuera tan efímero, y tiendo a pensar que en aquellos tiempos todo lo bueno era fugaz y momentáneo por alguna extraña razón.

Hoy te di el último regalo, un regalo necesario, un valioso regalo que creí trascendental para ti, para tu vida. En él podrías plasmar cada una de las emociones y sentimientos que esas emociones pudieran ejercer en ti, una manera de organizar todos y cada uno de tus pensamientos y vivencias de una forma personal, sin sesgos, sin más intervención en ellos que la conjunción, el vínculo, el nexo de unión entre tu razón y tu corazón. Espero que lo hayas usado en este año que ha pasado desde aquella conversación privada.

Hoy a ti sí te echo de menos. Te recuerdo. Recuerdo el primer día de Reyes Magos que pasé a tu lado. Eras tan pequeñita que dudaba que pudieras entender de qué iba todo aquello. Aún así yo ya quería que sintieras que ese día era especial y diferente. Todos los días deben ser especiales, pero a veces cuesta. Entonces, ¿por qué no aprovechar todas esas fechas marcadas de rojo en el calendario para hacer de un día algo especial? Recuerdo que llenamos el salón con multitud de globos de colores y entre ellos algunos regalitos envueltos con formas sugerentes. Aun recuerdo cómo tu cara de sueño se transformó cuando entraste en el salón. Fue algo extraordinario. Gracias.

Hoy te echo de menos. Del mismo modo sé que tú a mí no. Sé que los humanos tenemos capacidad suficiente para alterar nuestros pensamientos de innumerables formas para que nuestras vidas sean más cómodas, simples, fáciles, aún sin ser reales. La realidad es algo que asusta y en muchas ocasiones parece preferible ocultarla pensando cualquier cosa que sentirnos. No se puede sentir y pensar al mismo tiempo. Hoy te regalaría algo no para que organizaras tus pensamientos, sino para que sintieras tu corazón, para que lo oyeras a él en lugar a los adultos que te moldean continuamente.

Me gustaría salvarte de ello. Salvarte de una vida que te está siendo impuesta de una forma estructurada, sin censuras, alterada y sesgada. Pero me es imposible. En primer lugar porque primero me he tenido que salvar yo; y segundo porque no sabría cómo hacerlo, pues desde mi posición es imposible. Por eso espero con cautela y paciencia que la vida, en algún momento, te traiga ese mensaje que haga que cierres los ojos y sientas, y escuches tu corazón, y tomes aire inundando tu pecho de todo el amor del universo, y con ello la piel se te erice y las lágrimas broten de tus ojos humedeciendo tus mejillas, y te tiembles las manos, y, aunque todo esto parezca doloroso, al final la recompensa sea que puedas ver el mundo de uno forma pura, verdadera y llena de amor. Algo totalmente diferente a lo que te han inculcado, a lo que has podido vivir.

Hoy no voy a recibir noticias tuyas, ni voy a poder abrazarte, ni tener esos dos minutos de gloria en los que pudiera escuchar tu voz y oír tu sonrisa. No importa. Tú y yo hoy estamos lejos princesa, pero quizás un poco más cerca.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

ANTE UN SOLO PENSAMIENTO

“Estamos ante un solo pensamiento de cambiar nuestras vidas”.

Quizás nos podamos agarrar fielmente al contenido literal de esa afirmación; quizás solo baste con uno, el pensamiento desencadenador del cambio. Y de no ser así, ¿qué más da? Sigue intentándolo, pues no será en vano. Quizá ese uno no sea suficiente, quizás no sea el desencadenante, pero sí el impulsor. En cualquier caso hazlo, empieza ahora, no creo que exista mejor momento que ahora para comenzar a cambiar.
El cerebro se modifica a cada instante, te guste o no. Ahora mismo lo está haciendo mientras lees estas líneas, y lo ha hecho durante todo el día de hoy, pero tal vez de formas bien distintas. ¿Quieres saber cómo?
La introspección retrospectiva se refiere al hecho de ser conscientes de los estados mentales propios que han quedado atrás en el tiempo. ¿Cómo te has sentido hoy?

Cuando aprendemos algo nuevo se forman en nuestro cerebro nuevas conexiones, mientras que cuando repetimos una y otra vez las mismas situaciones las conexiones existentes se fortalecen. Un ejemplo muy famoso en neuropsicología es el caso del hipocampo de los taxistas de Londres. El hipocampo es la estructura cuya función es de vital importancia para la consolidación de los recuerdos. Los taxistas de Londres, debido a que tienen que memorizar miles de rutas, presentan un hipocampo significativamente más grande que el de personas que no realizan ninguna actividad mnésica de semejantes características. A base de repetición, sus conexiones se han fortalecido, con el consiguiente aumento estructural del cerebro. También se produce un cambio en nuestro cerebro cuando aprendemos algo novedoso, nuevas conexiones se forman. Intenta aprender a hacer malabares. El primer día no darás pie con bola, nunca mejor dicho. Poco a poco se irán creando nuevas conexiones, nuevos caminos en nuestro cerebro para que la información de lo que queremos hacer se estructure en nuestro cerebro.

 Es como hacer una autopista para que la información viaje de la mejor forma posible.

 Imagina un destino increíble y maravilloso que acabas de descubrir y a donde quieres llegar. Un destino del que te separan ríos infranqueables, una frondosa vegetación, montones de tierra y cúmulos de rocas por doquier. Llegar la primera vez se convierte en una tortura, algo tedioso, insufrible y agotador, pero ese lugar te encanta y quieres volver allí continuamente. Poco a poco, día tras día, vas labrando un camino. Al principio no deja de ser un pequeño sendero que te hace la aproximación más llevadera y soportable y, con el paso del tiempo, para llegar más pronto y disfrutar más de ese bello lugar, se ha de convertir en un camino, para pasar a ser una pequeña carretera y, finalmente, una autopista.

Así es como funciona nuestro cerebro cuando tratamos de aprender algo nuevo. Por el contrario, cuando hacemos una y otra vez lo mismo no estamos construyendo nada nuevo, sino más bien viciándonos en el recorrido que ya nos sabemos de memoria. Y esto está bien, o no, dependiendo de cómo haya sido esa introspección retrospectiva de la que hablaba antes.

Seguro que habéis oído hablar de la zona de confort. Todo el mundo siempre habla de que hay que salir de la zona de confort. Pero, ¡espera!, ¿por qué? No creo que esto haya de ser así necesariamente, no creo que tengamos que estar siempre teniendo que realizar el esfuerzo que, no nos engañemos, conlleva el hecho de salir de la zona más cómoda del mundo, nuestra zona de confort. ¿Y si nos gusta y nos sentimos plenamente realizados. Supongo que tiene que haber un momento donde podamos acomodarnos por fin y descansar. Si no, ¿qué sentido tendría que hubiera una zona de confort si no la podemos disfrutar nunca, teniéndonos que marchar siempre a lugares más incómodos? Introspección e introspección retrospectiva. Cómo me siento y cómo me he sentido, cuán realizado me siento con la vida que estoy viviendo y cuán fiel estoy siendo con unos ideales que un día construir y a los que prometí nunca engañar.

A partir de ahí podemos tomar la decisión de repetir las acciones, conductas y comportamientos que estamos realizando en estos momentos fortaleciendo esas conexiones que ya, por suerte, nos hacen vivir una vida plena y fiel a mi ideal de felicidad o, por el contrario, si es momento de comenzar a construir nuevos caminos, con esfuerzo y determinación, con constancia y tesón, con amor e ilusión.
“Estamos ante un solo pensamiento de cambiar nuestras vidas”.

Seguro que habéis oído hablar de la visualización. Pero, ¿sabíais que cuando imaginamos una acción se ponen en marcha las mismas estructuras cerebrales que cuando realizamos esa misma acción?

Cuando pensamos nuestro cerebro cambia. De ahí la importancia de saber manejar los pensamientos, de ser conscientes de ellos, de ser capaces de identificar la procedencia de los mismos y de gestionarlos de una manera adecuada. Nuestros pensamientos modifican nuestro cerebro a cada instante. Pensarás que éstos vienen de una forma desorganizada y desordenada, y que tú no tienes nada que ver con ese incesante ir y venir de pensamientos que continuamente te bombardean sin piedad. Pero no es así. En tu mano están todas y cada una de las herramientas necesarias para hacer de tu mente y de tu vida un lugar mejor.

“Estamos ante un solo pensamiento de cambiar nuestras vidas”.




sábado, 1 de noviembre de 2014

Impermanencia

Todo es impermanente.

Como el olor a bebé de tu piel, como el sonido de tu sonrisa grabado en mi mente. Ambos se difuminan en el corazón de mis recuerdos. Los recuerdos del ayer que me llevaron hasta aquí. Los recuerdos alterados por un sentimiento maltrecho, que atraviesa mi pecho en cada pensamiento que evoca tu ser.

Cierro los ojos y sigo viéndote. Tu imagen aún no se ha ido, y no creo que lo haga, pues ni tan siquiera es difusa. De cualquiera de las formas ahí permanecerás, siempre real, siempre tú, princesa. Eres ese recuerdo, esa imagen en mi cabeza que hace que mirar hacia atrás tenga hoy un olor a esperanza.

Estoy seguro que en todo este tiempo nuestros pensamientos se habrán cruzado en el mismo espacio temporal, pues solo basta con que hayas pensado una sola vez en mí para que así fuera. 


Me gustaría saber qué piensas y cómo ves el mundo ahora que eres capaz de pensar en abstracto, de ver el mundo de una forma diferente a cómo lo tiempo atrás. Ahora sé que algo ha cambiado en ti, por evolución, por necesidad, por madurez. Para ti hoy, lo real, como decía Piaget, es un subconjunto de lo posible, al contrario que antes. Lo real era lo que veías y oías amor, pero ahora tienes la capacidad de hacerte preguntas, realizar hipótesis y ver el mundo de una forma diferente. Me alegro por ello.


Ahora ya no sé dónde te llevan tus pasos; los que un día pisaban encima los míos mientras te agarraba fuerte por las manos. Siempre te agarré fuerte, y sé que lo notabas, pues percibía cómo te sentías segura, sobre todo cuando de tus labios salía el sonido de mi nombre. Sonaba diferente y especial.


Te quiero pequeña princesa para siempre…

martes, 23 de septiembre de 2014

UN ACTO DE FE...

Como suele decirse, todo final es el comienzo de algo. Y sí que es cierto que podemos entender cada situación novedosa como un final o un principio. Todo ello depende de lo apegados que estemos a cada situación y de lo difícil que nos resulte abandonar nuestra zona de confort o, por el contrario, dependerá de la disposición que mostremos a enfrentarnos a nuevas situaciones y a ampliar nuestros horizontes. Todo cambio implica una mejora, un aprendizaje y una evolución. Aquello de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra es un mito, porque aunque volvamos a caer ante esa pedazo de roca inerte, siempre será diferente y nunca será tan desastroso.

Nuestro cerebro aprende y se modifica a cada instante. Ahora mismo, mientras lees estas líneas, está ocurriendo. Es lo que se llama plasticidad cerebral. Nuestro entramado de conexiones neuronales se modifican a cada instante, con cada conversación, con imagen que percibimos, con cada paisaje que contemplamos, con cada palabra que leemos, con cada palabra que escribimos…

Y de la misma forma que nuestro cerebro cambia y evoluciona nosotros cambiamos y evolucionamos. No podemos separar nuestra mente de nosotros como individuos como si de dos entes  independientes se tratara. Nadie querría vivir en un cuerpo sin mente ni en una mente sin cuerpo.

Atreverse a cambiar es atreverse a dar ese paso que tanto asusta. Porque asusta. Pero, ¿y si te dijera que ese cambio será SIEMPRE a mejor? Seguiría asustando, lo sé. ¡Para qué mentir!

Entonces, ¿qué hacer?

Debemos tener un acto de fe. Así es. Me explico.

Tenemos la falsa creencia, bajo mi  humilde punto de vista, que siempre tenemos que hacer aquello que nos apetezca, aquello que nos haga vibrar, aquello que haga que salten chispas de nuestro corazón. Quizás eso vaya bien para algún anuncio de bebida refrescante de extracto de cola y de otras muchas cosas que ni sabemos, pero no para la vida real. Eso no sirve para que evolucionemos, para que nos adaptemos, para que crezcamos, para que encontremos un camino que nos ilumine y nos engrandezca como individuos.

En una sociedad como esta, una sociedad que vive con prisas y aturrullada, una sociedad que nos está enseñando a obtener las recompensas de una forma inmediata y sin esfuerzo, todo cambio asusta. Porque el cambio no se produce de la noche a la mañana porque, como todo aprendizaje, necesita un proceso, como lo fue aprender un idioma, montar en bicicleta o usar Internet. Un proceso que no estamos dispuestos a llevar a cabo por la anticipación de la recompensa de la que hablaba. Queremos las cosas ya, y así nos va.

El acto de fe, como yo lo veo, es hacer no solo lo que nos hace sentir bien, sino lo que en un futuro nos hará no solo hacernos sentir bien, sino ser mejores personas. ¿Quién dijo que solo debemos hacer lo que nos guste en este momento? ¿Qué hay de aquello que podemos hacer AHORA y que nos hará sentir mejor en un tiempo? Súmale ahora el hecho de que la mayoría de las veces cuando hacemos algo que creíamos que no nos gustaba o que nos iba a hacer sentir mal el resultado es bien distinto al esperado, porque ahí entra en juego la instrumentalización de las acciones consonantes con nuestros principios y eso es algo que a todos nos hace sentir bien.

Ten ese acto de fe. Haz lo que tu honestidad y tus principios te impongan, y no lo que te alienten hacer de una forma automática, manipulada y conducida por unos cuantos dictadores.
Yo acabo de hacerlo.

No sé cómo poder expresar correctamente lo que ha supuesto en mi vida darme cuenta de que a veces lo mejor que te puede ocurrir es que no te ocurra aquello que deseas. Me ha costado muchos años, muchos dolores de cabeza y mucho dolor entenderlo. Cuando sabes lo que haz de hacer y no lo haces por miedo a dejar la “comodidad” de la vida que llevas te conviertes en una persona cobarde. Y yo lo fui. Esa disonancia me estaba matando día a día. Esa sensación de no estar teniendo una vida plena y no querer cambiarla, y no querer verlo…

Ahora mi vida a cambiado…

Una cuidad nueva, Granada, con el encanto que enamora a cada persona que recorre las calles de esta emblemática ciudad. Con la Sierra Nevada, El Albaicyn, La Alhambra, las tapas y cómo no, la cantidad de roca que rodea este encantador lugar…

Un hogar cerca de la universidad. Una de las mejores universidades de España para estudiar psicología…

Una compañera increíble que me está enseñando cada día a ser mejor persona, a comer con palillos (y no es china), a preparar unas ensaladas de quince pavos, a comer un poco de pescado cuando apetezca, a tonificar mi Qi de hígado, a ver la vida de una forma muy diferente a como la estaba viendo no hace demasiado tiempo.

Hoy me siento feliz…

Llegar a casa y recibir un abrazo, llegar a casa y ver a alguien al otro lado de la puerta. Y ese alguien está deseando verme.

Gracias Bea.

Gracias por estar, por existir, por regalarme tu tiempo, tu impresionante sonrisa, tus ganas de vivir, de sentir, de amar, gracias por enseñarme, por animarme a dejar la zona de confort, por apostar por mí…
Gracias por darme lo más bonito de tener, gracias por regalarme tu confianza…

"Hooolaa cositaaa"




miércoles, 17 de septiembre de 2014

LO MÁS DURO QUE ESCRIBÍ: CAP 6 (¿el último?)

Nada ha cambiado. Lo sé,  y lo sabía, y  lo sentía. Quizás hoy te extraño más que ayer, y quizás aquellas palabras que una vez me atravesaron, las que tantas veces oíste, no eran las palabras adecuadas, porque unas palabras no compran un sentimiento, porque yo hoy aún te amo, te extraño y te echo de menos princesa.

Nada ha cambiado. Porque yo hoy sigo preguntándome cómo sonará  tu nueva voz de mujer, sigo pensando cuán largo debes llevar el pelo y cuántos jóvenes andarán por ahí con el corazón palpitando por una mirada y una sonrisa tuya.

Nada ha cambiado.

Y mientras que sigo amándote, extrañándote, llevándote conmigo en mi pensamiento, en cada viaje, en cada recuerdo, aún hoy sigo viéndote reflejada en la mirada de aquella niña de tres años, o quizás de seis, o quizás de once.

Para ti princesa…

 Nada ha cambiado. Salvo el tiempo.

Ya han pasado tres meses desde que escribí el quinto capítulo de “Lo más duro que escribí”. Un capítulo que concluyó con un “continuará” y con la esperanza de que esa continuación fuera diferente a la que sigue, aunque mucho me temía que no iba a ser así.

Cuando decidí contar mi historia, mi vida, necesitaba gritar, alzar la voz ante la injusticia, una voz que muchos hombres quizás necesitaron oír. Y así fue. Algunos me escribieron por privado haciéndome llegar su apoyo, muchos en la misma situación que la mía, otros en situaciones aún peores. Esto debe acabar. ¿Pero cómo acabarlo?

Pues de la misma forma en la que ocurren las cosas. Haciendo algo, luchando, haciéndonos oír, teniendo principios y siendo fieles a los mismos, no dejándonos pisar por una ley llena de agujeros, unos agujeros que se tapan con el miedo, con el miedo a perder la libertad, quizás en los calabozos de los  sótanos de alguna comisaría.

Cuando escribí esa historia, que podría ser la mía, pero también la tuya y la de muchos otros hombres, algunos amigos me aconsejaron con la mejor de las intenciones que no lo hiciera. Era doloroso pensar en la posibilidad de no poder expresarme, de no poder hacer nada ante la injusticia, ante el rencor, ante la actuación de una mujer despechada que se aprovechaba, que se servía y beneficiaba del sufrimiento de aquellas mujeres que padecieron malos tratos, de aquellas mujeres que un día perecieron en manos de sus parejas. Un  acto desconsiderado, no solo hacia aquellos hombres inocentes, sino desconsiderado también hacia las demás mujeres que realmente temen por sus vidas. Lo que me hace pensar en si realmente se hizo por temor o por rencor. ¿Qué es lo que impulsó este acto? Nunca vi en esos ojos temor alguno…
Aún así, quizás por mi condición de tauro, lo hice. Y lo hice porque tenía la necesidad de hacerlo, tenía la necesidad de hacer algo que fuera justo, y me pareció justo que yo pudiera contar libremente mi historia. Lo que ocurrió después de contarla es lo que sigue…

Hasta que conté la historia se me había impuesto, de forma gratuita e injusta, una orden de alejamiento de seis meses y debía pasar ocho días de arresto domiciliario. En el trascurso de esos ocho días que debía permanecer en casa la policía venía a verme tres veces al día. Una a la mañana, otra a la tarde y otra a la noche. Era curioso porque esas visitas me producían una doble sensación. Por un lado me sentía apoyado y comprendido por ellos, pues no sé por qué extraña razón ellos siempre saben cuando uno es víctima de una injusticia. Como se suele decir, la policía no es tonta. Pero por otro lado, el hecho de que la policía venga a tu casa tres veces al día producía en mí una sensación un tanto desagradable. Sensación que se incrementó uno de esos días. Creo que fue el sexto, si no recuerdo mal. Vienen a verme, y mientras tomamos unas pastas con té caliente (esto último es broma) me entregan una notificación para que compadezca en los juzgados de violencia contra la mujer para declarar ante una nueva denuncia de la misma persona (esto último no es broma, aunque pudiera parecerlo).

Una nueva denuncia. Esta vez por un delito contra la integridad moral. Juicio por lo penal. El fiscal pide UN AÑO DE PRISIÓN y una orden de alejamiento de dos años y medio para con la madre y la hija. ¿Parece que el padre está consiguiendo aquello que se proponía?

Es decir. Ocurren unos hechos, me ocurren unos hechos, y yo los cuento, porque es mi historia y la cuento, cuento mi historia, mi vida, sin nombres, sin mentiras, y se me quiere meter en la cárcel. No doy crédito.
Se celebra el juicio y ella acude con un clan, pandilla, cuadrilla o como queráis llamarlo, que de alguna forma ha reclutado para testificar en mi contra. El padre, el hermano, el mejor “amigo”, la prima, la madre de la prima… ¿En serio? Esto es de risa. Pudiera parecer un capítulo de “Aquí no hay quien viva”. Faltaba Fernando no sé qué, el que hacía de portero, por cierto para mi gusto pésimo actor. Todos testifican en mi contra alegando cosas que realmente no acababa de entender. ¿Pero de veras que el padre, el hermano, el “amigo”, el novio (que también estaba citado pero no asistió porque por lo visto estaba malito), la prima y la tía iban a ser los testigos de una denuncia de ella? Me lo dicen y no me lo creo. Pero así fue… Ella se pone agresiva con el juez que incluso le tiene que llamar la atención y cuando el juicio acaba la emprende conmigo con insultos. Una lástima.

Pues el tiempo pasa y pasa, y hasta hoy no llega la sentencia. Absuelto una vez más. La verdad es que es una buena noticia, pues que en un país de corruptos, de mafiosos y de gente sin moral, sin empatía y sin recursos emocionales aún se haga justicia es una muy buena noticia.

Espero que este sea el final, el último capítulo de una historia dolorosa, y que como todo final sea el comienzo, el renacer de algo nuevo y mejor. Que todo haya servido para aprender, para que cada uno mire hacia dentro, hacia su propia alma. Que todo haya servido para que cada uno de nosotros luchemos y nos esforcemos para ser siempre la mejor versión de nosotros mismos. Todo esto me ha enseñado que a veces lo mejor que puede ocurrir es que no ocurra aquello que quieres que suceda. Por toda esta historia doy las gracias porque me ha enseñado a conocerme, a conocer mi corazón y a tener esperanza. Aún hay esperanza.
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Y la esperanza es lo último que se pierde. Y seguiré esperando y teniendo fe en que tú, princesa, reúnas los recursos y los conocimientos, mantengas vivo tu corazón, tu razón se haga fuerte y con ambas, con la razón y con la emoción que siempre acompañó tu inocencia sepas, en un futuro que espero no sea muy lejano, comprender que yo te quise, te quiero y te querré para siempre.





martes, 5 de agosto de 2014

I´M BACK....

Eres escalador, ¿verdad?

Un día supe que lo era. Y no importaban los números, las letras o los signos, pues ser escalador era un sentimiento; y no importaba cuánto escalaras en un momento determinado de tu vida, pues ser escalador era una forma de ver el mundo; y no importaba lo motivado que estuvieras o el estado de forma que tuvieras en un momento en concreto, pues ser escalador era una forma de vida, una manera de pensar, un modo de sentir…

Somos lo que somos por lo que hemos sido en el pasado. Es para lo único que sirven los momentos vividos que permanecen en nuestros recuerdos, para determinarnos como individuos, como personas. Es cierto que el pasado se fue, pero siempre que se va, a cada instante, va haciendo que nuestro presente sea diferente. Ahora mismo, en este momento, estamos creando nuestro futuro; el futuro que se vuelve presente y el presente que se vuelve pasado.

Pudiera pensar que quedaron en el olvido esos momentos de roca, de olor a tierra húmeda, del tacto calcáreo y áspero de ese trocito de pared pétrea que hacía mella en nuestros dedos, de risas a pie de vía, de esos “venga bicho que te la llevas”, de los momentos de pegues, de proyectos, de viajes de escalada, de manos agrietadas, de ropa mojada en magnesio, de cervezas en el bar después de haber intentado una vía, de acostarte con una secuencia de movimientos en la mente y repasarlos una y otra vez, e imaginarte encadenándolos todos, encadenando la vía más dura y bella que jamás escalaste. Pudiera pensarlo después de todo…







Ahora pienso que sólo necesitaba un descanso, un alto en el camino, una pausa, un reencuentro con otro azul - con tu azul-,

un momento para que todo se reorganizara, un momento para unir los puntos y dejar que todo fluyera y se encauzara de nuevo de la forma idónea, como debía ser, dejándome llevar hacia lo que la vida quisiera que fuera, así, sin más..

Ahora quiero, ahora voy a volver a escalar, a sentir mis brazos hinchados, a empaparme de movimientos y de todas esas cosas maravillosas que llenaban mi vida y que un día olvidé en pos de la locura, del desconcierto y de la incertidumbre.

Ahora quiero ver hasta dónde puedo llegar, hasta dónde podemos llegar, escalando las rutas más hermosas que la vida nos ponga por delante, unidos por una cuerda tan fina como resistente, teniendo tu vida en mis manos y dejando la mía en las tuyas, sentir tu aliento allá arriba, danzando, moviendo mi cuerpo, sintiendo tu alma y tu fuerza.

Ahora quiero comenzar a crear recuerdos bellos para el  futuro, recuerdos de escalada, recuerdos de la vida, una vida plena, justa, verdadera, como nos merecemos…

¿Vamos a escalar?

Gracias Bea






martes, 8 de julio de 2014

EMOCIONES Y SENTIMIENTOS

Disfrutar del sufrimiento es la única forma de poder llegar a valorar algo tan vital y necesario como la felicidad. La perfección no existe, y no hay nadie que haya sido capaz de sortear en todo momento algún periodo de desasosiego, de incertidumbre o de profunda tristeza. Nadie está libre de experimentar el vacío, y así debe ser.

Ese beso que te robé no hubiera significado nada si no lo hubiera estado echando en falta tanto tiempo. Es la mirada de aquel que sueña con el reflejo de unos ojos limpios donde se pueda respirar un alma. Es la sonrisa que revienta a la tristeza adherida en un corazón maltrecho. Es volver a oír un corazón latir tan cerca de mi pecho que pudiera parecer el mío propio. Es la vida después de la muerte o la muerte que se marchó para dejarme vivir.

Es el temor el que nos hace mantenernos alerta, el que nos hace valorar a cada instante eso que amamos y que nos hace sentir vivo. Que el fracaso sea una opción es lo que hace que para mí el éxito  tenga doble valor. El miedo es necesario en su justa medida. No podemos eliminarlo por completo porque perderíamos la capacidad de experimentar esa sensación de incertidumbre que nos mantenga vivos, pero tampoco podemos dejar que nos domine, que nos gobierne, porque entonces sí que verdaderamente estaríamos muertos.

Es esa sensación extraña de no saber qué, de no saber por qué están ocurriendo las cosas de una determinada manera. Es algo necesario para alcanzar ese estado que todos ansiamos conseguir. Es un camino, algo obligatorio e inevitable. Piénsalo. No podríamos disfrutar plenamente de un maravilloso día de primavera sin antes haber experimentado los gélidos días del invierno. Tan necesario como el día lo es para la noche, o la noche para el día. El miedo es el que hace que encontremos ese equilibrio.

El miedo es una emoción ante un estímulo, y nosotros ahora somos estímulos, amor. Te miro y el tiempo se detiene. Tu mirada hace que afloren emociones y que éstas se expresen de una forma orgánica, como cuando te acercas demasiado y puedo sentir tu respiración en mi nuca y la piel se eriza, y el corazón se dispara, y las manos se humedecen. Es la somatización de la emoción que me produce tu presencia la que me lleva una y otra vez a seguir tu camino.

El estímulo provoca todas esas emociones y a raíz de ahí experimentamos esa sensación a la que llamamos sentimiento. El sentimiento se produce a través de las emociones. Son todos esos procesos cognitivos y esas valoraciones que hacemos en nuestra mente sobre una emoción particular. Y ahora he de decirte que todas esas emociones se entremezclan en mi mente y de ellas afloran los más bellos sentimientos.

Te miro, tu cuerpo y el mío son uno. Nuestros corazones parecen latir al unísono y nuestra respiración se entrecorta con cada mirada, con cada caricia, con cada beso que te robo para siempre. Tu olor penetra por todo mi cuerpo invadiendo por completo cada uno de mis sentidos, potenciándolos, haciendo que emerjan los instintos más primitivos, esos que parecían que habían muerto, pero que solo estaban dormidos en algún lugar de un mal sueño.

Y cuando me doy cuenta de ello, cuando soy capaz de percibir todas esas sensaciones que me produce ese momento en el que tú y yo somos uno, es cuando tengo que luchar contra mi razón, es cuando esa emoción se convierte en sentimiento, es cuando se unen las palabras, es cuando intento una y otra vez que no se me escape el sonido de un te quiero. 

Demasiado tarde amor.